
Yo te quiero ... ¿y vos? –le decía mientras le sujetaba suavemente la cara con la mano, manos que antes agarró esa misma cara con fuerza.
Enmudecía y asentía, para no molestar, para que la oscuridad de antes volviera a ser luz ahora. Para que la furia de antes desapareciera y todo fuese de nuevo calma, calma que antes conocía y ahora olvidó... porque ahora ya no era calma, si no demonios.
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